El concepto de Dios en la literatura argentina
Se llevó a cabo la ponencia “El concepto de Dios en la literatura argentina”
Con una buena cantidad de público lector, entre los cuales había docentes, ex docentes de la UAP, y vecinos de la localidad; y en un ambiente más que cálido, el Dr. Daniel Plenc expuso en la biblioteca “The Book Garden”,
convocado por la Sociedad Amigos de la Literatura”, la ponencia “El concepto de Dios en la literatura argentina; una selección de cuatro autores/etapas de las letras del país”.
No fue una mera exposición, sino más bien una charla interactiva en la cual intervenían los participantes agregando datos, anécdotas e información.

La ponencia comenzó con una definición y un recorte (arbitrario) de etapas y autores referenciales de cuatro etapas de la literatura de nuestro país:
“Dentro de las muchas etapas de la literatura argentina, elijo para este ensayo sólo cuatro, y un autor de cada una de ellas (con una breve exposición de una o dos de sus obras novelísticas…
Me refiero a los siguientes períodos y autores: (1) la literatura gauchesca (Eduardo Gutiérrez), (2) el modernismo (Ricardo Güiraldes), (3) el posmodernismo (Ernesto Sabato) y (4) la literatura contemporánea (Jorge W. Ábalos)”
Como exponente de la primera etapa, Plenc eligió a la obra “Juan Moreira”, de Eduardo Gutiérrez,
representante de la literatura gauchesca, para analizar el eje de lectura de “Dios” en el argumento. Si bien no es un concepto que se defina o desarrolle, está implícito, dado por supuesto, y son muchas las referencias tanto a Dios como a las fuerzas del mal.
El siguiente es el análisis que el Doctor expuso:
Es en el paisaje campero que el autor ve la mano de un Creador:
“El que no ha visto en el campo el despertar de la naturaleza en los primeros minutos de la mañana, no ha visto la obra más asombrosa de la creación, que pinta la grandeza del Creador del Universo en la más miserable de sus manifestaciones: desde el leve temblor del cogollo de pasto que se mueve a impulsos de la mansa brisa, hasta el alegre relincho del caballo que saluda a su dueño al verlo aproximarse a la estaca que lo aprisiona durante la noche”.
“Hay en esta hora suprema de la mañana una música inexplicable que brota de todas las partes y que conmueve nuestra alma como una caricia maternal que recibiéramos al abrir los ojos. Luego aparece el primer rayo que irradia el sol, el poncho de los pobres, y que aprovecha el ave tendiendo su ala sobre la tierra como para secar el rocío de la noche, como para saludar alegremente al astro divino de la mañana”
“Las evocaciones conceptuales de Dios son pocas”, sigue Plenc, “mas el Ser divino está siempre en labios de aquellos gauchos despreciados. Hubo quien dijo”:
“le juro por Dios” (31). Moreira se lamentó diciendo: “sabe Dios cuándo pegaré yo la vuelta…” (35). “¡Dios me ayude!” (59), exclamó otro en un momento crucial.
El lenguaje religioso salpica la novela de Gutiérrez. Se dice, por ejemplo, que Moreira era “como el ángel del exterminio”. Se registra también que la hospitalidad es “una religión en el gaucho”
La hermosa y desventurada Vicenta, a quien conocían como Andrea, estaba destinada del mismo modo a la tragedia: “Solo Dios podía librarla del abismo a que la precipitaron los hombres”. Gutiérrez se siente atraído por “aquella chispa divina que asoma a la mirada en ciertas situaciones del espíritu, chispa inimitable que se puede llamar belleza de la expresión”
Las fuerzas del mal tampoco están ausentes en el imaginario campero. Los gauchos reiteradas veces mencionan al “diablo”. Respecto de Moreira decían los paisanos: “Con ese hombre pelea el diablo…”. En su determinación fatal de enfrentar a las partidas, dijo Moreira: “los pelearé como pelearé al mismo diablo…”. Cuando el libro hace referencia a “todos los diablos”, da por sentada la pluralidad de fuerzas del mal
Es verdad también que aparece una cierta idea determinista y de fatalidad a lo largo del relato. Dice Moreira: “yo habré nacido con algún sino fatal porque la suerte se me dio vuelta…”. Habla luego de “una sucesión de fatalidades inevitables…”. Así lo ve el narrador: “parecía que el destino lo empujara allí…”. Los campesinos no saben bien si esta fuerza irresistible viene de Dios o del diablo. Decía Juan Moreira: “-Está de Dios o del diablo… que la maldición me ha de seguir a todas partes… Exclama en otra oportunidad: “-¡Maldita sea mi suerte!”. “-Yo estoy maldito por Dios y por los hombres”
Al finalizar, el expositor generó un intercambio con el público, el cual se mostró muy satisfecho con la idea y puesta en marcha de esta tertulia en Libertador San Martín, y ya se comenzaron los preparativos para una segunda ponencia, un segundo encuentro, en el mes de noviembre.