LA CREACIÓN (GÉN. 1:1-2:4) EN SU PROPIO CONTEXTO ( 1ª parte )
El relato de la Creación en Génesis, tanto por su posición al principio de la Biblia como por lógica (la existencia precede a toda otra consideración de las cosas) es de interés universal para todos sus lectores, y en consecuencia ha generado, a través del tiempo, una gran variedad de lecturas, interpretaciones y conclusiones. A su vez esto conduce a muchos interrogantes sobre esa obra divina. En el presente artículo trataré de dar respuesta a algunos de esos interrogantes en los propios términos del relato, primariamente en su contexto inmediato, y secundariamente en el contexto más amplio del canon bíblico, cuyos autores también estaban informados por el mismo relato.
El principio
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra" (1:1). Es de interés fundamental saber de qué principio se trata
aquí. ¿Es el principio de todas las cosas en general, la creación del universo? Muchos han asumido que ese es el
caso. Pero es importante señalar que la Biblia no fue redactada como un tratado sistemático. No está limitada a
tratar el tema del origen de todas las cosas en este capítulo. Por ejemplo, leemos en otro lugar de las Escrituras que
"por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca, porque dijo, y fue hecho, mandó, y existió" (Sal. 33:9)
En contraste, en el primer capítulo del Génesis, si bien algunas cosas surgen a la existencia ante la sola
palabra de Dios (como la luz, 1:3), en muchas otras Dios opera sobre realidades ya existentes (aguas, 1:6; tierra,
1:2, 9, 11, 20, 24, etc.).
Muchos han supuesto que esta creación de cielos y tierra en 1:1 se refiere a un tiempo anterior a la obra de los
seis días que se detalla a lo largo del primer capítulo, en algunos casos postulando una época muy anterior. Otros la
han imaginado en los primeros instantes del primer día de la creación. Pero el estilo narrativo del Antiguo
Testamento, sobre todo en el Pentateuco, sugiere otra manera de entender "creó los cielos y la tierra". El relato
de la Creación cubre de 1:1 a 2:4, lo que es una narrativa bastante extensa y detallada. Es habitual en el Pentateuco
iniciar este tipo de relatos con un título general, un resumen anticipado. Así, por ejemplo, en Génesis 22 se relata el sacrificio (no consumado) de Isaac por parte de Abraham.
En 22:1, al iniciar este largo relato, leemos:
"Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí"
(RV1960).
Pero no se trata de dos acontecimientos sucesivos: (1) que Dios probara a Abraham, y (2) que Dios lo llamara
por su nombre. Lo que el texto nos está diciendo es que leeremos a continuación la historia de cómo probó Dios a
Abraham, y esta prueba comenzó con el llamado al patriarca, quien respondió haciéndose disponible, "Heme
aquí". Otras versiones, como RV1995, suprimen la conjunción "y" antes de "le dijo": "Dios probó a Abraham.
Le dijo..." Esto concuerda con el abundante uso de la conjunción en hebreo, llamado paratáctico. "Dios probó a
Abraham" es el título que sintetiza la narración, y la prueba comienza (no es que continúa) con el llamado a
Abraham. "Probó Dios a Abraham" es el resumen, no el primer acontecimiento.
Del mismo modo puede entenderse que "creó Dios los cielos y la tierra" no es una obra anterior al día primero
de la creación, sino el título que sintetiza la obra de los seis días.
La vecindad de "los cielos y la tierra"
Esta sugerencia de un "principio" local y vecino, basada en el estilo narrativo hebreo, es confirmada por la
vecindad de los "cielos y la tierra" aludidos en este relato, como la entienden los autores bíblicos posteriores.
En primer lugar, nótese que Hebreos 1 entiende estos "cielos y tierra", creados "en el principio", como
temporarios y mudables, lo que difícilmente se pueda aplicar a la totalidad del universo:
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,
Y los cielos son obra de tus manos.
Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
Y como un vestido los envolverás,
y serán mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán.
--Heb 1:10-12
Al repasar la historia del mundo, 2 Pedro 3 distingue entre "el mundo antiguo", destruido en el Diluvio,
separándolo de "los cielos y la tierra que ahora existen", y de futuros "cielos" y "tierra", aunque todos asentados en el
mismo mundo que habitamos:
Estos [burladores] ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de
Dios los cielos, y también la tierra; . . . el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y
la tierra que existen ahora, están reservados por la
misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio . . . El día del Señor vendrá como ladrón en la
noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, . . . y la tierra y las obras que en ella hay
serán quemadas.
Difícilmente podría alguien considerar que el universo "pereció anegado en agua" ni que esté la totalidad
de las galaxias reservada para el fuego del día del juicio. Los "cielos y la tierra" de Génesis 1, entonces, no son el
universo sino espacios de nuestro planeta. En realidad, se podría llegar a la misma conclusión
manteniéndonos estrictamente dentro del contexto de Génesis 1, si se da el debido valor a la definición que Dios
mismo da de "cielos" y "tierra" en los primeros versículos del capítulo.
". . . E hizo Dios la expansión, y separó las aguas
que estaban debajo de la expansión, de las aguas que
estaban sobre la expansión. . . Y llamó Dios a la
expansión Cielos. . . Dijo también Dios: Júntense las
aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y
descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco
Tierra . . . (Gn 1:5-10, cursivas agregadas).
Si alguna duda quedara sobre el carácter local y vecino de los "cielos" de Génesis 1, debiera desaparecer al observar
que la palabra creadora de Dios manda que:
"Produzcan las aguas . . . aves que vuelen sobre la
tierra, en el firmamento de los cielos" (1:20).
Claramente, entonces, "cielos" en Génesis 1 no se refiere al espacio exterior sino a un espacio vecino e inmediato a
la tierra, en la atmósfera inferior, donde pueden volar las aves. Esta observación ha llevado a distinguir en el
lenguaje bíblico distintos niveles de "cielos". Cuando el apóstol Pablo nos cuenta que, en "revelaciones del Señor"
fue "arrebatado hasta el tercer cielo" (2 Cor 12:1-3), es usual entender que el primer cielo es la baja atmósfera, el
segundo el espacio exterior asequible a nuestra observación, y el tercero es "el paraíso de Dios" (cf. Ap
2:7). Sea esto como fuere, es claro que en Génesis 1 los "cielos" son vecinos e inmediatos.
Creación "ex nihilo" vs. renovación
Es común entender que "crear" significa "hacer de la nada". Un artista no es considerado creador si plagia a
otro, aunque de hecho ninguna obra artística es realmente "de la nada". El artista crea en base a contenidos
preexistentes en su mente, como vivencias y experiencias, así como recombinaciones de esas ideas propias o ajenas.
La doctrina cristiana de la creación "ex nihilo" sostiene
que Dios creó "de la nada". Esto, por supuesto, no significa que la nada sea una especie de material trabajado
por Dios para crear, sino que él no dependió de ninguna cosa preexistente para realizar su obra; equivale a decir
"de la nada creó Dios". En efecto, Dios puede llamar las cosas a la existencia donde no hay nada (Rom 4:17). Pero,
por otro lado, Dios no está limitado a actuar siempre donde no haya nada. Como ya vimos, en Génesis 1 Dios
usa la tierra y el agua ya presentes en el día primero.
De hecho, "crear" en la Biblia a veces es sinónimo de "renovar". Esto se ve claramente por el paralelismo de
ideas en el Salmo 51. Como es común en la poesía hebrea, cada verso de este salmo consta de dos mitades,
donde la segunda repite la idea de la primera con otras palabras. Así por ejemplo Sal. 51:3-4:
"Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí
Contra ti, contra ti solo he pecado
Y he hecho lo malo delante de tus ojos"
Nótese que "rebeliones" aquí es paralelo a "pecado", y el pecado "contra Dios" es paralelo a "lo malo delante de tus
ojos". Y bien, en ese salmo, "crear" está en paralelismo sinónimo con "renovar" (Sal 51:10):
"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio
Y renueva un espíritu recto dentro de mí"
Así como "un corazón limpio" es sinónimo de "espíritu recto", así también "crear" es sinónimo de "renovar". En
Génesis 1 esto es también visible en la creación del hombre en el sexto día (1:26), que no es estrictamente "de
la nada". No solo porque esta parte del relato es paralela a 2:7, donde Dios utilizó "polvo de la tierra" en la formación
del hombre, sino también porque en lo creado el sexto día Dios mandó que "produzca la tierra" (1:24).
Si se lee con atención la obra creadora de los seis días, se nota que cada obra atiende un problema existente
en ese momento. Había tinieblas "sobre la faz del abismo"(1:2up), y en consecuencia Dios mandó que hubiese luz
(1:3). Entre las "aguas de arriba del firmamento" (las nubes) y las de "debajo del firmamento" (los mares)
existía una mezcla (nieblas espesas) que aportaban oscuridad, de modo que Dios mandó que las nubes y los
"mares" se separasen (1:7-10).
Tomando esta pista para la comprensión del texto, nótese que, inmediatamente después de anticipar en forma
sumaria la creación de "los cielos y la tierra" (1:1), el texto plantea la necesidad de creación o renovación de los cielos y la tierra (1:2). En vez de cielos luminosos, en ese momento había "tinieblas" (1:2up), mientras que la tierra
se hallaba en un estado ruinoso y devastado (1:2pp) que requería la renovación de la obra creadora de Dios. Sobre
este estado fijaremos ahora la atención.
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Dr. Aecio.E.Cairus
Dr. en Teología