Por
Dr.Daniel Plenc
Domingo, 26 de Julio del 2026
La Patria
Horacio Quiroga, El desierto, 3ª ed. (Buenos Aires: Editorial Losada, 1970), 114-124.
En el cuento de Quiroga los zánganos dijeron a los animales salvajes de la selva: “Necesitamos una patria”. Juzgaron ellos, ingenuamente, que así podrían ser libres. El hombre que observaba a los animales que construyeron una patria alzó a su hijo de ocho años sobre sus rodillas y le compartió sus últimas palabras (ps. 121-123):
“-La patria, hijo mío, es el conjunto de nuestros amores. Comienza en el hogar paterno, pero no lo constituye él solo”. La patria incluye a “nuestro amigo querido”, al “hombre de extraordinario corazón”, “el hombre de altísimo pensamiento”, a “nuestra novia” […] “su patria, en fin, es a la vez la patria nuestra.
“Cada metro cuadrado de tierra ocupado por un hombre de bien es un pedazo de nuestra patria.
“La patria es un amor y no una obligación. Hasta donde quiera que el alma extienda sus rayos, va la patria con ella”.
“Un río es un camino cordial hacia un amigo”.
El padre continuó y concluyó:
“Traza, hijo mío, las fronteras de tu patria con la roja sangre de tu corazón […] entonces la patria, que es el conjunto de estos amores se ha convertido en lo más grande que existe.
“Dondequiera que veas brillar un rayo de amor y de justicia, corre a ese lugar con los ojos cerrados, porque durante ese acto allí está tu patria”.
“La razón mide la patria por el territorio que abarca, y el sentimiento por el valor del hombre que la pisa”.
Verdad es que esperamos una patria sin conflictos ni fronteras, y mientras se demore nuestro arribo a ese terruño iluminado, bueno sería construir una patria con nuestros mejores afectos y con aquellos vínculos que nos han enriquecido. Tal vez el padre del cuento de Quiroga tenga razón. Que ese conjunto de nuestros amores “se ha convertido en lo más grande que existe”.

Daniel Plenc
Dr. en Teología
Escritor, historiador