Domingo, 4 de Octubre del 2026

ARMONIO, EL PRIMER INSTRUMENTO

ARMONIO, EL PRIMER INSTRUMENTO

En Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, Pietro Crespi regala un armonio alemán al templo de Macondo y organiza un coro infantil para darle esplendor al taciturno ritual de la iglesia. Es interesante que aún en la literatura fantástica latinoamericana, el armonio es visto como un instrumento que añade brillo a las celebraciones religiosas. Cabe preguntar: ¿Qué es el armonio? ¿De qué manera se vinculó con la historia del adventismo en sus orígenes y en nuestras tierras?

Wikipedia ofrece informaciones interesantes sobre la historia del armonio. En síntesis, como definición, el armonio es un instrumento musical de viento con teclado. Frecuente en iglesias, salones o casas particulares desde mediados del siglo XIX. Se parece al órgano, pero sin tubos y más pequeño. El aire circula mediante fuelles accionados por pedales y produce el sonido por medio de lengüetas libres (sonido por oscilación). Podía tener uno o dos teclados, además de distintos tamaños y alcances sonoros. Como ocurre en el órgano, con el armonio se trabaja con registros y puede dividirse el teclado. Además, en algunos que tienen botones abajo, se pueden poner también los registros con la pierna.

Los armonios se fabricaron por millones, especialmente en Estados Unidos y Canadá, llegando a existir modelos portátiles que se bombeaban a mano. Este instrumento fue inventado a principios del siglo XIX por el francés Gabriel Grenié y, tras su éxito inicial en Francia, se expandió rápidamente por Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos. Más tarde, los ingleses lo introdujeron en la India, donde se popularizó por gran parte de Asia, mientras que España y América Latina se convirtieron en importantes receptores de importaciones estadounidenses, francesas y alemanas.

El armonio es el primer instrumento musical que recuerdo. En nuestra casa de la selva misionera, cerca de San Ignacio, había un armonio y un acordeón a piano. Mi madre, María Delia Borges, tocaba ambos instrumentos en el hogar y también en la escuela donde era maestra y directora. Corrían los años sesenta.

La relación entre los armonios y la historia del adventismo es difícil de rastrear. Por tanto, los siguientes son meros apuntes que conectan algo de esa crónica, incluyendo su presencia en Sudamérica y en la institución que hoy se conoce como Universidad Adventista del Plata.

En la página 91 de mi libro La música que agrada a Dios, hago una mención del armonio. Apunto allí que los primeros adventistas norteamericanos cantaban sin acompañamiento instrumental (a capella), hasta que fueron incorporando instrumentos, como el armonio. Fue tal vez el armonio el primer instrumento utilizado por los adventistas. Cuando se visita la restaurada villa adventista de Battle Creek, Michigan, Estados Unidos, puede verse un armonio, al parecer original, de aquellos usados por los pioneros en sus primeras iglesias. Quienes hayan visitado la última casa de Elena G. de White, en Elmshaven, Santa Helena, California, saben que había un armonio en ese lugar. También hay uno en la sala de la casa de Guillermo Miller.

El primer creyente en el mensaje adventista de Argentina y uno de los primeros de Sudamérica fue Pedro Peverini. En 1885 aceptó el adventismo por la lectura de publicaciones que le llegaban de Europa y comenzó a guardar el sábado en Las Garzas, Santa Fe. Él era un joven italiano de familia católica y se casó con Cecilia Tourn, una señorita de familia valdense. Sus descendientes cuentan que Cecilia comenzó a compartir su nueva fe con los vecinos de la zona. En un carro tirado por dos caballos se trasladaba de un lugar a otro y realizaba cultos de familia. Cargaba un armonio que Pedro había traído de Italia y cantaba himnos con una hermosa voz mientras su hija Luisa tocaba el armonio.

Como se sabe, Frank (Francisco) H. Westphal, primer pastor de América del Sur, organizó la primera iglesia de Buenos Aires en 1894 (después de organizar las iglesias de Crespo, Entre Ríos y San Cristóbal, Santa Fe). De aquellos comienzos del adventismo en la capital de la Argentina, Luisa P. de Everist cuenta cómo era la Escuela Sabática en esa ciudad. La misma se realizaba en una gran casa que servía para todos los usos de la sede de la misión adventista. En una pieza de esa casona se colocaban 12 sillas, una mesita que servía de púlpito y en una esquina un armonio para acompañar los himnos. No nos dice quién lo tocaba.

Yendo el extremo noreste del país, resulta curioso que un número de La Revista Adventista de 1906 ofrezca el detalle de que la iglesia de Posadas, Misiones (organizada en 1903), había decidido la compra de un armonio. Es evidente que lo consideraron un progreso significativo.

Por el año 1906 se construyó la capilla de la iglesia de Crespo Campo, Entre Ríos, en un terreno donado por Valentín Weiss. Esa capilla sirvió como iglesia y escuela primaria por 40 años, hasta que en febrero de 1946 se inauguró el templo actual de Crespo Campo. La antigua capilla se transformó posteriormente en el Museo Francisco Westphal. En dicho museo se conserva un armonio con su banqueta, que estuvo en la capilla desde su comienzo. En realidad, también cuenta con un armonio portátil más pequeño.

A su vez el Centro Histórico Adventista en Libertador San Martín, Entre Ríos, alberga un armonio que perteneció a una iglesia “hija” de la iglesia de Crespo, como fue la de Ramírez, Entre Ríos. Dicho armonio fue donado por esa iglesia al Centro White en 2010. El pastor Ernesto Bernhardt y yo trajimos ese armonio en un vehículo de la Misión Estudiantil del Plata.

Es evidente que se usaron armonios en casas de familia, templos, escuelas y salones. Flora Block (luego casada con el pastor Hugo Beskow), hija del pastor Godofredo Block (P), cuenta en sus memorias que a los 11 años ya tocaba un armonio grande colocado en la plataforma donde su padre daba conferencias evangelizadoras en la ciudad de Rosario, Santa Fe, por 1913. Debe decirse también que Flora vio y tocó por primera vez un armonio en casa de la familia de Ernesto Beskow, quien vino del Brasil en 1912 y tuvo su casa al lado del Colegio Adventista del Plata. Con su mudanza ellos trajeron un armonio. Un dato de color: con el tiempo tres hermanos Beskow se casaron con tres hermanas Block.

En 1898 el pastor Frank H. Westphal propuso a los adventistas de Entre Ríos y Santa Fe la fundación de un colegio. La decisión se tomó el lunes 26 de septiembre de 1898 en las cercanías de Crespo. Sin embargo, los primeros cursos se dieron en la pequeña localidad de Las Tunas, Santa Fe, en 1899, donde el pastor Westphal había alquilado una casa grande. El pastor Nelson Z. Town, secretario y tesorero de la Misión Sudamericana, se trasladó con su esposa a Las Tunas, adonde llegó en tren el 8 de enero de 1899. La apertura del primer curso ocurrió el 20 de enero de 1899 con apenas seis alumnos. En esos meses en el Colegio de Las Tunas, la señora Sadie Graham de Town tocaba el armonio para animar los cultos. En julio de ese año el pastor Westphal y los hermanos de la zona decidieron el traslado del colegio a las tierras donadas por Jorge Lust en la colonia Camarero, Entre Ríos (actual Libertador San Martín). Esas 17 hectáreas de campo albergan hoy los edificios principales de la Universidad Adventista del Plata. Las clases de 1900 ya se ofrecieron en Camarero en un edificio sin terminar. El Dr. Walton J. Brown cuenta que, en el período del segundo director, Arturo Fulton, había poco más de 40 estudiantes. Además de las materias comunes, en 1904, el colegio ofrecía clases de canto, piano y armonio.

En 1909 la Revista Adventista publica la siguiente nota editorial relacionada con el Colegio Adventista del Plata: “El pastor N. Z. Town escribe de California, que se acuerda siempre de las necesidades de la obra en Sudamérica. Estaba actualmente ocupado en la preparación de literatura española, pero entretanto había reunido varios cajones de frutas secas y el dinero para comprar un órgano para el Colegio del Plata.

“El Colegio Adventista del Plata ofrece un curso de facilidades excepcionales en el estudio de música. Ya llegó otro órgano el que mediante la presentación de su carencia por el hermano Town, donaron tan liberalmente los hermanos de Norte América. El Profesor John tiene un don especial en este ramo de estudio” (Sin autor, “Notas editoriales”, Revista Adventista, abril 1909, p. 16).

El Dr. Hernán Hammerly, exdirector de la Biblioteca de la UAP, me escribió en 2011 sobre los cultos en alemán que se celebraban en el campus del Colegio Adventista del Plata. Estos hermanos de habla alemana tuvieron una capilla propia en las décadas de 1930 y 1940. Allí se cantaba con un armonio de buen tamaño que hoy se encuentra en el Centro de Investigación White. Para 1948 los cultos alemanes habían decaído, entonces donaron la capilla para convertirla en la biblioteca del CAP. De todas maneras, continuaron con los cultos los sábados en el mismo edificio y cantaban con su armonio. En el futuro persistió una Escuela Sabática en alemán en el edificio de la biblioteca. Dicho salón se había usado por muchos años para actos escolares y cultos de la iglesia desde 1923 (hoy edificio de ACA y Multimedia). La capilla alemana se demolió para construir el actual edificio de administración y la Escuela Sabática alemana se discontinuó en 1994. El armonio de la capilla alemana fue restaurado por el pastor José Carballal y donado al Centro White. Volviendo al Colegio Adventista del Plata, se lee en las noticias de la época que en 1909 se recibió un armonio para los cultos estudiantiles. En ese momento se recibió también una campana para el colegio.

Ni la campana ubicada en la torre del colegio ni los armonios se escuchan más. Son un recuerdo, piezas de museo, testimonio de un tiempo pretérito de adoración y devoción al Creador.

 

Comentarios:

 

Este sencillo artículo fue enviado a un grupo de amigos el 15 de abril de 2025, recibiendo de algunos de ellos comentarios y anécdotas muy interesantes, hasta emotivas y risueñas. Selecciono aquí algunas de estas respuestas.

 

De la profesora Grethel Pruzzo: “Hola Daniel, ¡qué recuerdos del armonio! La primera vez que toqué uno, y con ayuda, tenía 6 años. El canto era ‘En este bello día’, en la escuela sabática de infantes, de la iglesia central de Montevideo. La ayuda fue de una compañera que pedaleaba. En la iglesia había tres armonios. De grande ya me amigué con el instrumento y en iglesias del interior de Uruguay, acompañando al coro del IAU (Instituto Adventista del Uruguay), hasta toqué el Aleluya de Haendel. Recuerdo transpirar y cansarme, especialmente las giras de fin de año, pero fue una hermosa experiencia que atesoro en mi corazón.

 

“Fue divertido ir encontrando ‘detalles’. No era solo pedalear y tocar, según la velocidad salía la intensidad del sonido y al costado de las rodillas tenías como unos fuelles que eran como la función de los pedales del piano (¿puede ser?) y varios armonios tenían un tablero con botones, uno era para vibrato e imitación de algún instrumento”.

 

Compartió Nita Cayrus de Duré, lo que recordaba de niña, que había uno en la Capilla (se refiere a la capilla adventista de la Colonia Pintos Viana, cerca de Guichón, Uruguay).

 

Del contador Emilio Wolhein (Andresito, Misiones): “Hola Daniel, qué bella historia de ese instrumento, el primero que recuerdo ya que había uno en la Iglesia de Oasis [Misiones] que lo tocaba una ancianita de apellido Buzín. Algunos descendientes viven todavía en Oasis. Más adelante lo tocaba la Sra. de Eduardo Otto, mamá de Lotar”.

 

El Dr. Eduardo Hellvig Weiss escribe: “Lindo ese tema… Con respecto al armonio conozco y recuerdo de niño el primero, en la Iglesia de Crespo Campo que está en ese Museo. Hay otro arriba, dentro de la iglesia está el último que aún funciona, y el año pasado se usó en una reunión especial”.

 

Muy útiles resultaron los comentarios de la profesora Susana Chaskelís de Schulz. “Me llama la atención que no haya más detalles del armonio que había en el Templo (Salón de los Pioneros). Lo recuerdo cuando era chica, del lado izquierdo en el piso de la sala, o sea, no en el nivel de la plataforma. Los alumnos aventajados de piano tenían el honor de tocarlo para los cultos. No sé si del sábado, pero sí de viernes de noche. Hasta hoy, recuerdan cuánto tenían que pedalear para darle volumen (más aire por supuesto). Quien puede aportar detalles es Hugo Riffel ya que él era uno de los que lo tocaban, y también Nidia Rhys. Les escribiré a ambos preguntando si recuerdan algún dato interesante”.

El pastor Rolando Bernhardt escribió: “Hola Daniel. Lo que sé es que mi padre Roberto desde siempre arregló y afinó armonios y pianos. Tocaba violín, piano, etc. Como los armonios suenan gracias a los fuelles internos y el aire que es introducido por el pedaleo, al tocar las teclas, el aire es expulsado a través de las lengüetas internas. El tamaño de la lengüeta determina el sonido. El sonido es producido por el vibrar de la lengüeta, y ésta es movida por el aire que sale. Desde mi niñez vi a mi padre arreglar armonios no solo de privados sino de iglesias varias y no adventistas también”.

 

La señora Noemí Carballal de Nissen escribió lo siguiente: “No puedo agregar mucho más que anécdotas personales. (1) En Alem, al lado de lo de Mogdans, había un saloncito donde se reunía la iglesia. Tenía un pequeño armonio (máximo 4 octavas) que el Dr. Eduardo Schmidt había conectado con una aspiradora que estaba del otro lado de la pared de madera, para que soplara aire y así ahorrarse el pedalear. En ese instrumento tuve que tocar a principio de los '60 para un casamiento las marchas nupciales de Mendelssohn y Wagner, que por aquella época no eran tabú en la iglesia. (2) Toqué el armonio que ahora está en el museo en mis años de alumna en el CAP (1964-1968). En esa época estaba al lado del piano y se tocaban ambos instrumentos juntos para acompañar los himnos. Luego, cuando volvimos de Alemania en 1986 me tocó dirigir la Escuela Sabática alemana que funcionaba en la biblioteca (ex Salón de Actos y hoy aulas de ACA) y volví a tocar ese instrumento, que estaba allí. La Escuela Sabática en alemán funcionó hasta que la Iglesia Central se mudó a su emplazamiento actual. Por esa fecha se produjo también el traslado de la biblioteca y gente de Maranatha Internacional vino a hacer las divisiones para las aulas de ACA. El armonio fue llevado a un depósito. Desde esa fecha desapareció como por encanto el taburete giratorio que desde siempre había acompañado al instrumento. Tenía patas de madera torneadas que terminaban en una parte de hierro fundido en forma de garras que abrazaban unas bolas de vidrio que eran el apoyo sobre el piso. Mario Krumm me aseguró que hizo revisar todos los depósitos, pero nunca apareció. A alguien le debe haber gustado mucho ese taburete, era realmente hermoso y único. (3) Efectivamente, mi papá reparó ese instrumento y otro que está en el museo Habenicht.

Saludos y felicitaciones por continuar investigando sobre hechos históricos relacionados con la iglesia. El año pasado tuve la oportunidad de participar de un tour por los sitios donde comenzó el movimiento adventista por los alrededores de Boston. En la iglesia histórica de Washington, New Hampshire, hay un hermoso ejemplar de armonio bien afinado y en función con cuyo acompañamiento cantamos algunos himnos.

La profesora Lilián Ciminari recordó que a los 20 años estudiaba piano y que en una oportunidad le pidieron que tocara y ejecutó una pieza sencilla de Bach en el armonio. Hacia el final no le daban más las piernas, así que lo tocó cada vez más rápido. Sí recuerda con emoción que hubo por muchos años un armonio en la Iglesia Central de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires.

El Dr. Luis Flores también informó con cierta nostalgia de la existencia de un armonio en la Iglesia Central de Posadas, Misiones. Decía en su mensaje de audio: “El armonio, desde que tengo uso de razón, estaba en la Iglesia de Posadas y se tocaba. No me acuerdo quién tocaba, pero había gente que tocaba. Recuerdo que era una mujer… y era lindo escucharlo, era muy lindo… Yo me crié con el armonio. Sí, era muy lindo… Interesante eso, cómo la música está siempre y me trae recuerdos, recuerdos muy interesantes… Gracias por compartir conmigo”.

El profesor Raúl Álvarez escribió un texto sobre el armonio en la Iglesia de Oasis. “En los años 60 el instrumento principal de la iglesia de Oasis (Misiones) era un armonio. Era un modelo un poco más grande que los armonios de tu relato (tengo la sensación). La potencia de su música dependía de la fuerza y la frecuencia del pedaleo.

La iglesia disponía de tres armonionistas: La Hna. Luisa Steger de Otto (mamá de Lotar), la Hna. María Catalina Maier de Buzín (hermana del padre de Edwin y mamá de Milton) y mi abuela, Bienvenida de Peverini (esposa de Luis y Madre de Amaro e Idilio). Había sábados en que teníamos la visita de personas más jóvenes que eran invitadas a tocar el armonio: Lotar (estaba estudiando en Corrientes), Érica Otto (estaba estudiando en el CAP), Idilio Peverini, y tantos otros que eran pianistas.

Cuando finalmente Oasis concluyó la construcción del nuevo templo, el histórico armonio descansó en un depósito y fue reemplazado por un órgano de dos teclados y bajos”.

La profesora Priscila Bernhardt envió el siguiente texto copiado del museo Roberto Habenicht del Municipio de Libertador San Martín, Entre Ríos. “Este museo cuenta con tres instrumentos de esta tipología, dentro de los cuales destacamos al “Órgano Harmonium Mason Hamlin”, cuya fabricación data de 1878 en Boston, Estados Unidos. Esta destacada fábrica obtuvo el 1° Premio en París en 1867 por la calidad de sus instrumentos, lo cual se puede constatar por el aquí presente.

Este armonio fue traído desde los Estados Unidos a comienzos del siglo XX por el Dr. C. A. Replogle, profesional del Sanatorio Adventista del Plata, siendo adquirido en 1909 por Godofredo Bernhardt para uso de su hija Lidia, quien fuera esposa de Enrique Weiss. Este instrumento prestó valiosos servicios para la interpretación de música eclesiástica en iglesias de la región. Fue restaurado en el año 2008 por el vecino José Carballal. Donado por los hijos de Enrique Weiss y Lidia Bernhardt, René, Noemí y Mirna”.

Escribe Yolanda Kalbermatter de Steckler: “Mis abuelos Kalbermatter - Arn tenían un armonio que el tío Benito Kalbermatter les trajo a sus padres cuando vino de Brasil. Con ese armonio hacíamos los cultos de familia cuando visitábamos a los abuelos. La abuela Lucía (sin haber estudiado música) tocaba los himnos de un himnario en francés. Estaba muy viejito ya y, nos costaba tocar los himnos con el armonio. Pedalear y leer la partitura nos resultaba difícil. El fuelle no funcionaba bien al final. Es una pena porque como familia no sabemos el final del armonio después de fallecidos los abuelos. Verdaderamente fue muy interesante cuando nuestros hijos conocieron ese instrumento”.

Un breve mensaje escrito por Esther Positino desde los Estados Unidos: “En cuanto al armonio, imposible agregar nada a lo que escribiste, muy interesante y completo. ¡No sabía que tú mamá también era música! Hace años cuando fuimos a Battle Creek recuerdo haber tocado el armonio de la pequeña capillita. Aparte de esa ocasión no recuerdo otro armonio”.

Escribió la Dra. Vanina Lavooy: “¡Qué buen documento! He disfrutado la lectura y aprendido bastante. La verdad es que no tengo nada para aportar. Pero sí me trajo recuerdos de preadolescente, ya que en alguna iglesia en Mendoza (de la que mi padre era pastor) había un armonio y me resultaba muy interesante ver cómo la hermana que lo tocaba tenía que estar moviendo los pies, además de las manos”.

Nuevo mensaje del 19 de abril de 2025 de Susana Chaskelis de Schulz: “Recibí respuesta tanto de Nidia Vyhmeister (Rhys) como de Hugo Riffel (Darío, hijo de Juan y Elodia). El Dr. Hugo Darío Riffel respondió lo siguiente: “Te haré una síntesis de lo que cuentan del armonio. Recuerdo muy bien ese armonio; lo toqué por años para el culto de consagración. Los sábados tocaban las organistas de iglesia, recuerdo a la Sra. Krieghoff de Itin (madre de Rolando). Tenía un sonido hermoso y 8 registros para cambiar los tonos del teclado único. Lo mejor eran los bajos, tan sonoros que parecían de órgano. Yo con manos grandes podía llevar bien el bajo. El “técnico” que lo mantenía era J. A. Bonjour. El armonio había estado en la iglesia alemana. Las iglesias alemanas tenían armonios muy buenos y siempre alguien que tocaba. En Crespo tocaba una señora Weiss, madre de Ernesto Bernhardt y casi ciega. Se sabía todos los himnos de memoria y en Viale una Sra. Ludi hacia lo mismo. A nosotros nos daba risa que en los casamientos la novia entraba y luego los novios salían con himnos del himnario. Claro, era lo que ella se sabía de memoria. Eso es lo que me acuerdo”.

Esto corresponde a lo que contó Nidia Rhys: “Yo lo toqué para sermones mucho. Lo que no recuerdo es si era todo el año o solo en verano. Por años lo tocaba Albina Bernhardt para los sermones. Cuando se casó y se fueron del CAP, ¡creo que ahí recibí el manto! Tenía los registros que cambiaban el instrumento que sonaba, arriba del teclado. Eran negros con blanco en el redondelito y con letras en negro para decir lo que eran. No recuerdo bien, pero eran abreviaturas y creo que en alemán. ¡Siempre encontré que era muy divertido tocar el armonio! Había que saber cómo pedalearlo”.

La Lic. Doris Samojluk hizo también un breve comentario. “Muy interesante el artículo. Recuerdo haber tocado el armonio en la iglesia de Formosa. Una hermana que lo tocaba contaba que estaba embarazada de término y no se desencadenaba el trabajo de parto. Luego de tocar (pedalear) en la Escuela Sabática y el sermón un sábado se fue directo al sanatorio a parir”.

El Dr. René R. Smith se explayó más extensamente en lo que llamó “Mis vivencias con respecto al armonio”.

El armonio para los cultos

El armonio fue, junto con el violín, el primer instrumento musical con el cual tuve contacto. Hasta mis tres o cuatro años mi familia vivía en la casa de mis abuelos Federico Schmidt-Justina Klatt, en la zona rural de Guatraché, provincia de la Pampa. Ella tocaba el armonio y él lo hacía con el violín. De esto, por supuesto, no recuerdo nada (me lo contaron). Esta música fue importante para acompañar los himnos de los cultos sabáticos que se hacían en la casa de mis abuelos, lugar en el cual se reunían las familias de la zona.

En la iglesia de mi infancia y de mi adolescencia gocé inmensamente con el sonido del armonio que había en el templo de Viale. Ignoro en qué año fue comprado. Creo que fue construido en Alemania. Me consta que su compra fue un esfuerzo de toda la iglesia. Cuando escribí la historia de la escuela de la iglesia, consigné que Roberto Müller, niño en aquel entonces, también aportó con $ 1 para la compra del instrumento para la iglesia.

En lo personal, siendo aun bien niño, cuando no había nadie en el templo, yo iba a probar este misterio musical (pero solamente un poquito). Había que pedalear. Para entonces yo no tenía noción acerca de los sonidos armónicos. No podía entender cómo algunos podían sacar tanta belleza de ese instrumento, y por qué a mí me salían cosas tan horribles.

El armonio de la iglesia fue bastante completo, grande, con un montón de registros. Además, se podía desplazar el teclado si quienes tocaban el instrumento querían una tonalidad más alta o más baja. Luego de unos años, este armonio pasó a una de las aulas de Escuela Sabática de los niños. Para el templo se compró un órgano electrónico. Emocionalmente, el órgano nunca reemplazó al armonio. Luego, el armonio fue donado al museo de la Ciudad. Hoy está sumido en un pesado silencio, junto con otros armonios de las demás iglesias de Viale.

El armonio en mi casa

A mis 11 años heredamos el armonio de la abuela. Todavía veo a mi padre volviendo de la ciudad con un bulto sobre las bolsas del alimento para las aves. Era el armonio protegido por una frazada gris y ajustado con una soga. Yo no sabía que ese día tendríamos el instrumento en nuestra casa. Ahí me enteré. Ahora sería nuestro. Hicimos música. Creo que en los primeros tiempos taladramos los oídos de nuestros padres. Yo no fui el único que ensayó de todo. Mis cuatro hermanas también.

Al principio yo tocaba los himnos con un solo dedo y solamente con la orientación de mi oído. Luego mi madre me enseñó un himno que aprendí de memoria. Pero fue aburrido tocar siempre lo mismo. Aprovechando los rudimentos de la notación musical que nos enseñaron en la escuela, empecé a comparar lo que tocaba de memoria, con lo que aparecía en el pentagrama del himnario. Primero fue con la clave de sol, luego con la de fa. Me equivoqué muchas veces, pero fui aprendiendo. Luego empecé a probar otros himnos. Pasé horas con el instrumento, especialmente en días de lluvia y en los sábados por la tarde. Cuando ya fui grande, estando en otras iglesias, con relativa frecuencia me tocó acompañar el canto congregacional con el instrumento de la iglesia, especialmente si la persona encargada estaba ausente.

Cambio. Hice el colegio secundario en Viale, mi ciudad. A los 16 años, estando en el cuarto año, la profesora de música nos pidió un trabajo práctico sobre un tema patriótico. Podía ser una tarea plástica o literaria. Por mi parte, queriendo ser original, me propuse componer una canción a cuatro voces, incluyendo la letra. Tenía cinco bemoles. La compuse en mi casa sobre el armonio. Lo probé varias veces y, a mi juicio, creo que me salió muy bien (todavía lo creo hoy). Cuando lo presenté, la profesora quedó sorprendida y descolocada. Luego exclamó: “Ay, Smith… pero eso yo no lo voy a poder tocar…”. Me asignó la nota de 10. Todavía conservo esta composición.

Finalmente, el 17 de julio de 2026, el profesor Elbio Cabrera me envió su breve reacción: “Hola Daniel! Siempre que vengo a Mendoza me acuerdo del armonio y la deuda de lo que prometí”. Me contaba que Delma Nélida Baier Blanco erra quien tocaba el armonio de la iglesia de Las Heras, Mendoza, durante años. Agregaba: “Yo les compré el armonio, suena, aunque requiere un service. Lo tengo en la casa de mis padres en Mendoza”.

Nunca imaginé que el recuerdo de un instrumento caído en desuso, como lo es el armonio, despertaría tantas vivencias emocionadas, cargadas de cierta mística entrañable.