Domingo, 25 de Octubre del 2026

LA CREACIÓN (GÉN. 1:1-2:4) EN SU PROPIO CONTEXTO (2ª parte)

LA CREACIÓN (GÉN. 1:1-2:4) EN SU PROPIO CONTEXTO (2ª parte)

¿Desordenada, sin forma, o desolada?

Muchas versiones modernas traducen Génesis 1:2 como "y la tierra estaba "desordenada y vacía", como por ejemplo la tan difundida Reina-Valera 1960 en español. Otras, como la King James, de igualmente amplia difusión en inglés, o la de Almeida en portugués, indican que la tierra estaba "sin forma y vacía". Lamentablemente, no es claro en una lectura casual qué podría ser una tierra "desordenada".

En tanto que las cosas que se hallan sobre la tierra pueden mantener o no un orden, la categoría de "ordenada" o "desordenada" no suele aplicarse al suelo mismo bajo nuestros pies. Otro tanto puede decirse de una tierra "sin forma". Si bien la tierra puede adoptar distintas formas, como llanura, colinas, montes u otros accidentes orográficos, no solemos hablar de una tierra sin forma, y de hecho es difícil concebirla. Estas traducciones tan difundidas están tratando de vertir a los idiomas modernos la frase hebrea tohu wa-bohu. Dada la uniformidad de estas traducciones, uno podría pensar que se trata de significados bien establecidos para esas palabras. Pero eso está lejos de la realidad.

Mientras que bohu es una palabra infrecuente (de hecho, solo aparece en esta frase tohu wa-bohu), el primer término, tohu, no es en absoluto raro, porque aparece en la Biblia hebrea más de 20 veces. El problema aparece cuando constatamos que nunca se traduce "desordenado", "sin forma" ni cosa que se le parezca. Siempre, en todo el resto de la veintena de casos, se traduce "desierto", "desolado", o incluso en un caso, "vacío": Dios "extiende el norte sobre el tohu, cuelga la tierra sobre la nada" (Job 37:20). Resulta muy sospechoso cuando se da a un término un significado distinto del coro al unísono de todas sus otras apariciones en la literatura. El lector podría en este punto preguntar qué nos dicen los diccionarios hebreo-castellano.

Lamentablemente, no podemos apelar a ese fácil recurso, porque diccionarios y léxicos están construidos en base a traducciones existentes en circulación. Por lo tanto, dudar de una traducción es dudar también de los diccionarios que se basan en las publicaciones que la contienen. ¿Cómo se sabe qué significa un término en una lengua muerta, cuando los léxicos no nos ayudan? En tal caso queda un solo recurso: las versiones antiguas, es decir las traducciones que tienen miles de años de antigüedad.

Las traducciones efectuadas entonces no necesitaban recurrir a léxicos, porque la lengua estaba entonces viva y lo traductores no necesitaban recurrir a diccionarios sino al conocimiento que tenían de ella por su uso cotidiano. Las versiones antiguas para el Génesis son básicamente traducciones a dos lenguas existentes antes de la era cristiana: las versiones griegas y las arameas. Las versiones al arameo arrancan de muy antiguo, con el tárgum o traducción de uso en la antigua sinagoga. Lamentablemente, para la comprensión de tohu wa-bohu no nos ayudan, porque siendo el arameo una lengua semítica emparentada con el hebreo, esos términos resultaban directamente comprensibles y no requerían traducción.

Así el tárgum y la Peshitta (versión al síríaco, que es también una variedad de arameo), simplemente transcriben tohu wa-bohu. El caso de las antiguas versiones griegas es distinto. Estas traducen tohu wa-bohu uniformemente como aóratos kai akatastéuastos, es decir "no visible ni preparada". La idea de una tierra "no visible" no corresponde a algún concepto místico, mágico o de alguna filosofía abstrusa (conceptos que no aparecen en ninguna otra parte de la versión) sino simplemente "desaparecida". Para evaluar esta traducción debemos recurrir nuevamente al contexto inmediato. La segunda parte del versículo en cuestión nos dice que "las tinieblas estaban sobre la faz del abismo". Los abismos (hebreo tehom) en la Biblia hebrea son las profundidades de las aguas. La tierra desaparece cuando es cubierta por las aguas, y evidentemente esa es la manera que, en el contexto, los traductores de la LXX y las otras versiones griegas, han entendido el pasaje.

La tierra estaba aóratos (cubierta, anegada) e inutilizada, akatastéuastos, conceptos fáciles de entender en el mundo del antiguo Cercano Oriente, donde la Mesopotamia a menudo sufría inundaciones y el Egipto dependía anualmente de ellas. De hecho, la única manera de hacer desaparecer algo tan grande como la tierra es sumergirla. La tercera parte de Génesis 1:2, "y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" también coincide con ese concepto de la tierra al inicio del primer día de la Creación.

Si bien la última parte del Génesis 1:2 valida esta comprensión de la primera parte, como contexto absolutamente inmediato, debemos preguntarnos si el resto del contexto cercano para el versículo 2 en el primer capítulo de Génesis también favorece esa comprensión. Notemos que el término "tierra" reaparece por primera vez en pocos versículos más adelante:

"Entonces dijo Dios: Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco. . . Y llamó Dios a lo seco Tierra" (1:9-10 LBLA).

La palabra creadora de Dios, al ordenar "que aparezca . . . la tierra", está implicando que la "tierra" estaba de momento desaparecida, es decir aóratos, como entiende la versión griega. 

Esto valida definidamente esa antigua versión en el contexto cercano de Génesis 1. Pero no es el único contexto para la tierra tohu. Como vimos antes, 2 Pedro: 3 se refiere también a lo ocurrido en Génesis 1. Y allí vemos:

Estos [burladores] ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de
Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste (2 Ped 3:5, RV1960, cursivas agregadas).

El apóstol Pedro evidentemente obtuvo de Génesis 1 su concepto de la emergencia de la tierra desde los abismos (1:3). Pudo haber sido influido por la versión griega, o tal vez se basaba en el original hebreo, con o sin ayuda de la versión aramea. Incluso es posible, en otro pasaje, ver una alusión a la tierra desaparecida, no visible, bajo las aguas, en el registro de Hebreos 11:3, donde dice:

"Por fe sabemos que Dios formó los mundos mediante su palabra, de modo que lo que ahora vemos fue hecho de cosas que no podían verse" (versión Dios Habla Hoy).

Es difícil imaginar una serie de confirmaciones contextuales más clara que esta. Irónicamente, la versión de Reina-Valera también traduce correctamente tohu wa-bohu, pero en otro lugar. Esa frase aparece completa en dos, y solo dos, lugares de la Biblia hebrea: Génesis 1:2 y Jeremías 4:23. En este último pasaje, las ediciones de Reina-Valera, desde 1569 (la Biblia del oso) hasta 1977, incluyendo la Biblia más común en castellano (RV60), rezan:

"Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz".


"Asolada" representa aquí correctamente el sentido de tohu en conformidad con todas las demás apariciones de ese término en la Biblia hebrea. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, "asolar" es "destruir, arrasar, devastar, arruinar, demoler, desmantelar, hundir, aniquilar, talar, desolar".

___________________________

1 Es notorio que Hebreos utiliza la Septuaginta por sobre el texto hebreo original (cf. Heb 10:5-7, donde el Salmo 40:6-8 reza en la LXX "me preparaste cuerpo", y en el texto hebreo masorético "has abierto mis oídos"). Por consiguiente, los "mundos" de Heb 11:3 (aionas) probablemente no son los orbes distantes del entero universo, que en ninguna parte del canon bíblico se dice que provengan del agua, sino la sucesión de "cielos y tierra" del "mundo antiguo", los que "existen ahora" y "reservados por la misma palabra" para la destrucción del "día del juicio" y los "nuevos" posteriores; 2 Ped 3:5-7, 10, 13.


Conclusiones


La correcta traducción de tohu wa-bohu como "asolada y vacía" no solamente concuerda con todos los contextos (inmediato, cercano y canónico), sino que permite comprender el curso de los actos divinos a lo largo de los seis días de la creación. En cada día de los seis, Dios parte de una situación que requiere, en primer lugar, crear un espacio apto para los seres que habrán de poblarlo, revirtiendo de ese modo la situación que la había dejado inutilizada (bohu), y procediendo en días posteriores a poblar cada ambiente que ella hizo apto, revirtiendo su desolación (tohu).

La atmósfera despejada, la tierra firme, la vegetación, un firmamento claro y un mar anchuroso, son poblados ordenada y sucesivamente por aves, peces, animales terrestres y el humano, corona de la creación. De ese modo el curso de la Creación se hace lógico e inteligible.


A cada paso vemos la palabra creadora de Dios, emitiendo las órdenes creativas pertinentes a cada etapa. El poder de esta palabra que llama los ambientes del mundo a la existencia está señalado en el primer capítulo del evangelio de Juan. Este comienza, significativamente, con "en el principio", en alusión a la primera frase del relato de la Creación.

Tal poder creador y vitalizador implica que esa palabra no solamente estaba junto a Dios, sino que era ella misma una expresión de Dios (Jn 1:1). Y misteriosa pero inconfundiblemente, esta palabra divina también se dirige a Dios mismo, pros ton theón (Jn 1:2); es una palabra de Dios que se dirige a sí mismo y puede decir "Hagamos" (Gn 1:26). Es el mismo Verbo que se hizo carne, habitó entre nosotros y mostró la gloria de su Padre, y nos otorga el privilegio de recibirlo para salvación.