Viernes, 14 de Agosto del 2026

Mon Laferte, voz y enigma

Mon Laferte, voz y enigma

Hay artistas que uno escucha durante años y otros que llegan de pronto, casi por azar. Mon Laferte fue, para mí, una mera curiosidad. La escuché por primera vez sin conocer de su historia ni de su trayectoria, y quizás esa falta de referencias me permitió acercarme a su música con cierta libertad. No buscaba confirmar opiniones ajenas ni descubrir a una estrella consagrada. Simplemente la escuché.

 Lo que encontré fue una voz de extraordinaria fuerza expresiva y una intérprete capaz de moverse con naturalidad entre registros muy distintos. Pero, al mismo tiempo, descubrí un universo artístico que me produjo sorpresa y desconcierto a la vez. Esa mezcla de atracción y extrañeza es la que motiva estas líneas. No pretendo hacer una crítica musical ni un análisis exhaustivo de su obra. Apenas comparto la impresión de un oyente que intenta comprender por qué una voz puede cautivar tanto mientras algunas de las historias que canta despiertan interrogantes profundos.

 La cantante Mon Laferte de 43 años, con una experiencia de vida compleja, según TN es hoy una referente indiscutida. Agrega el mismo medio: “La artista chilena pasó hace algunos años por una difícil enfermedad. Hoy se posiciona como un ícono latino […]”. Sigue diciendo TN: “Mon Laferte es una de las artistas latinas del momento. En menos de una semana se llevó un Latin Grammy al Mejor Álbum Cantautor y fue nominada a los Grammy en la categoría ‘Best Regional Mexican Music Album’, ambas por su disco ‘Seis’. La historia de la compositora chilena tiene muchos vaivenes. Uno de ellos comenzó en el 2007 cuando decidió mudarse a México. Antes de que su carrera tome vuelo en la capital azteca, tuvo que enfrentar varios desafíos personales. Uno de ellos vinculado a su salud”. Por su parte, Amazon, conocida por ofrecer “una amplia gama de productos”, tiene entre otras ofertas CDs y Vinilos de Mon Laferte.

 Datos puntuales de la cantante y compositora se publican en Wikipedia: “Norma Monserrat Bustamante Laferte (Viña del Mar, 2 de mayo de 1983), conocida como Mon Laferte, es una cantante y compositora chileno-mexicana. Toca diferentes instrumentos y se caracteriza por la confluencia de numerosas formas y géneros como la balada, el pop, rock alternativo; en sus inicios fue influida por el heavy metal - principalmente a raíz de su actividad como cantante entre 2012 y 2014 de las bandas Mystica Girls y Abaddon-, el bolero, el vals, la cumbia, el reggae o el ska, entre otros.​ Ha sido la artista chilena con más nominaciones en una sola edición de los Grammy Latinos (cinco en 2017),​ así como la primera en conseguir más de estas en los mencionados premios (quince en seis ocasiones).​ Mon ha vendido más de dos millones de grabaciones en todo el mundo, entre álbumes y sencillos, lo que la convierte en la artista chilena con más ventas de la era digital”.

 Más allá de estas informaciones disponibles en Internet, ofrezco aquí un parecer personal, como alguien que ha escuchado muy poco a la cantante, con el beneficio de no hacerlo con prejuicios innecesarios.

 Dicen que para muestra a veces basta un botón. Pues, lo primero que escuché fue un bello tema titulado “Amor”, actuando como invitada de Los Auténticos Decadentes. En su género lo interpretó muy bien, en forma profesional y haciendo ostentación de una voz impactante. Poco después asume la postura de una cantante de otras décadas en un homenaje a José José al interpretar “La nave del olvido”. Otros temas que oí casi de paso fueron “Buen amor” y luego caí en el abismo de “Tormento”. El tema pega por todos lados y su letra puede hasta ser chocante. No sé cuál fue la intención de Mon, pero la sentí como una justificación de lo injustificable. Un “tormento” es algo desgraciado, pero cuando se lo elige a sabiendas pasa a ser un “amor” extraño. Ciertas canciones de Mon Laferte tienen también algo de autocastigo como en “Tortura” (como vocalista de Mystica Girls) o generan perturbación como en “Pesadilla mortal” (con Abaddon).

 Mon Laferte afirmó en entrevistas que su mejor disco hasta la fecha es Autopoiética (2023). Durante la promoción de ese lanzamiento, la cantautora declaró textualmente estar muy emocionada por este trabajo creativo experimental y aseguró: “Yo siento que es mi mejor disco hasta ahora”. El término “autopoiesis” equivale a reinvención. Mon lo adoptó para definir su constante capacidad de transformación personal y musical. Expresó que sintió una tremenda seguridad y liberación al componerlo. A diferencia de sus trabajos puramente orgánicos, aquí unió sus letras profundas con trip-hop, techno crudo, cumbia rebajada, salsa y hasta elementos de ópera. Ella misma lideró la producción buscando herramientas que jamás había usado antes para alejarse totalmente de sus estructuras de pop convencional o folclore tradicional.

 El concepto de libertad absoluta que inspira este trabajo se lleva a un extremo arriesgado —sobre todo en los videos musicales—, al menos para quienes defienden ciertos valores irrenunciables. Me refiero a expresiones de vulgaridad, falta de límites morales y un desenfreno cercano a la pornografía. Los cristianos sabemos que la libertad no es libertinaje. No niego las virtudes de esa voz impresionante, que le ha dado gran fama en México, Chile y otros lugares. Su registro y su ambición global son increíbles, y los comprendo. Solo que veo un producto muy calculado para el éxito comercial, que deja atrás la sencillez de los artistas nuevos. Cada canción de Mon es una estudiada puesta en escena. Reconozco en su voz cierta reminiscencia de grandes figuras como Edith Piaf, Raphael, Lady Gaga, Patricia Sosa o Natalia Oreiro. Ella comenzó en el heavy metal y hoy transita por baladas con una actitud rockera. Sin embargo, muchos preferirían a los intérpretes cercanos e imperfectos. Se conmoverán más con voces españolas como las de Nino Bravo, Joan Manuel Serrat o Mocedades; o los clásicos rioplatenses como Sandro, Víctor Heredia y Los Iracundos (pensando en melómanos de las últimas décadas). Al final, hablar de música es un intento por atrapar lo intangible. Lo que realmente importa es que la música nos conmueve, nos inspira y nos ayuda a vivir.

 Por otra parte, la música académica de los grandes maestros y, sobre todo, la música cristiana merecería un capítulo aparte; un tema profundo en el que no profundizaré por el momento.