Para deshacerse de la melancolía
Me preguntaron recientemente sobre los efectos negativos de la música que acentúa la melancolía según los escritos de Elena G. de White y se me ocurrió pensarlo más bien en el valor positivo de la buena música y del buen canto. Me parece que los siguientes párrafos del capítulo sobre “Poesía y Canto” del libro La Educación, por las páginas 167-168, de la autora mencionada, lo presenta en forma positiva sobre las bondades de la buena música y del buen canto, con su capacidad para desvanecer la melancolía, entre otros muchos efectos positivos. La declaración textual es la siguiente:
“La historia de los cantos de la Biblia está llena de insinuaciones en cuanto a los usos y beneficios de la música y el canto. A menudo se pervierte la música haciéndola servir a malos propósitos, y de ese modo llega a ser uno de los instrumentos más seductores de la tentación. Pero, debidamente empleada es un precioso don de Dios, destinado a elevar los pensamientos hacia temas más nobles, y a inspirar y levantar el alma.
“Así como los israelitas cuando andaban por el desierto alegraron su camino con la música del canto sagrado, Dios invita a sus hijos de hoy a alegrar por el mismo medio su vida de peregrinaje. Pocos medios hay más eficaces para grabar sus palabras en la memoria que el de repetirlas mediante el 168 canto. Y esa clase de canto tiene un poder maravilloso. Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas, para avivar el pensamiento y despertar simpatía, para promover la armonía en la acción, y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo.
“Es uno de los medios más eficaces para grabar en el corazón la verdad espiritual. Cuán a menudo recuerda la memoria alguna palabra de Dios al alma oprimida y a punto de desesperar, mediante el tema olvidado de algún canto de la infancia. Entonces las tentaciones pierden su poder, la vida adquiere nuevo significado y propósito, y se imparte valor y alegría a otras almas” (Elena G. de White, La Educación, p. 167-168).
Está en nosotros elegir entre lo bueno y lo malo, también en la música, aunque muchos rechacen de plano un pensamiento semejante.