UN DISPARO AL CORAZÓN
Una cuestión moral
El 29 de julio de 2000, René Favaloro decidió poner fin a su vida. Tenía 77 años. Antes de hacerlo dejó varias cartas y pidió que fueran difundidas públicamente. No eran simples despedidas. Eran una acusación. Un testimonio desgarrador sobre la corrupción, la indiferencia y el deterioro moral que, según él, habían convertido en una lucha imposible el proyecto al que había dedicado su existencia.
“Ser honesto, en esta sociedad corrupta, tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar”, escribió.
Las palabras de Favaloro no provenían de un hombre resentido ni de un observador distante. Hablaba uno de los médicos más prestigiosos del mundo, un profesional que había alcanzado reconocimiento internacional y que, sin embargo, eligió regresar a la Argentina por una razón que hoy parece casi ingenua: el compromiso con su patria.
“Nunca perdí mis raíces”, escribió. Y cumplió con esa convicción. Organizó residencias médicas, promovió la investigación científica, formó generaciones de profesionales y abrió las puertas de la atención médica a cientos de pacientes sin recursos. Su concepción de la medicina estaba ligada a una idea de servicio público y de responsabilidad social que excedía ampliamente el ejercicio profesional.
Pero el sistema tenía otras reglas.
Favaloro denunció los retornos, las presiones de las obras sociales, la connivencia entre dirigentes sindicales, funcionarios y administradores de la salud. Relató cómo la Fundación que llevaba su nombre se negaba a pagar coimas o aceptar prácticas irregulares, y cómo esa decisión ética terminaba traduciéndose en aislamiento financiero y asfixia económica.
“Jamás dimos un solo peso de retorno”, afirmó.
Esa frase, lejos de ser una reivindicación personal, era una condena al contexto que la rodeaba. Porque en una sociedad sana la honestidad debería ser la norma. Cuando se convierte en una excepción heroica, el problema deja de ser individual y pasa a ser colectivo.
Por eso, cuando Favaloro afirmó que “el problema argentino es moral”, no estaba formulando una consigna política ni una crítica partidaria. Estaba señalando algo mucho más profundo: la progresiva normalización de conductas que erosionan la confianza social y destruyen las instituciones desde adentro.
La corrupción no comienza con los grandes escándalos. Comienza cuando la mentira se vuelve costumbre, cuando la ventaja personal reemplaza al bien común y cuando la ética deja de ser un principio para transformarse en un obstáculo.
En este punto resulta inevitable recordar el debate filosófico planteado por Friedrich Nietzsche. El pensador alemán cuestionó la moral cristiana, a la que consideraba una construcción de los débiles y una negación de la voluntad de poder. Según su análisis, los valores tradicionales habían colocado el ideal moral fuera de la realidad concreta.
Sin embargo, la experiencia humana parece demostrar algo diferente. Los principios éticos no habitan en un mundo abstracto. Se expresan todos los días en decisiones reales: decir la verdad o mentir, servir o aprovecharse, respetar o manipular, construir o destruir.
Por eso la pregunta acerca de la moral sigue siendo profundamente actual.
Cuando un intérprete de la Ley preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más importante, la respuesta fue sencilla y revolucionaria al mismo tiempo:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En esa enseñanza no hay especulación filosófica ni teoría política. Hay una propuesta de convivencia basada en la dignidad humana, la responsabilidad y el amor al otro.
Favaloro no fue un filósofo profesional ni un teólogo. Fue un médico. Un hombre que dedicó su vida a reparar corazones. Sin embargo, en sus últimas palabras formuló una pregunta que continúa resonando más de un cuarto de siglo después: ¿qué sucede cuando una sociedad pierde sus referencias morales?
Su muerte fue una tragedia personal. Pero también fue una advertencia colectiva.
Aquel disparo no impactó solamente en su corazón.
Fue un disparo dirigido a la conciencia de todos los argentinos.
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Lito Ravinovich
Abogado
Director del periódico Enfoque 360